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La firma
"Cuaresma en Kabul"
Se que te habrás llevado un cuadro de tu Virgen, y estampas de cristos que llenarán algún bolsillo de tu uniforme de campaña. Y hasta alguna medalla colgará de tu cuello y llegará a tu pecho, siempre cerca del corazón. Alguna esperanza y alguna estrella te iluminará para que los dolores de la distancia y las penas de la soledad se conviertan en mayor amor y en consuelo ante una paz imposible en aquel monte calvario.
Se que los milagros del ordenador te llevarán sonidos de tambores y cornetas, de saetas y pregones, e imágenes de cómo por estas tierras los colores de la tarde se van pintando, poco a poco, de tiempo de espera.
Pero hoy, después de muchos días en que el sol se quiso esconder, cuasi desde que tú te fuiste, al mirar al cielo de esta tarde y verlo tan limpio, tan azul presagiando primavera, te recuerdo y pienso en tí, y en el cielo sucio al que miras cada día, en tu cuenta atrás, buscando siempre esa estrella con la que sueñas.
Quiero compartir contigo esta luz de la tarde que preludia primavera, ha nacido ya la Cuaresma y el cielo, aunque dicen que volverán las lluvias, tiene un limpio especial que anuncia que el azahar está a punto de nacer. Ahora, en un momento, buscaré el paseo por el campo, todavía con las huellas del invierno, y seguiré el camino que nos lleva a ese Dios nuestro de cada viernes, y me perderé en su mirada.... y le rezaré por tí.
Y luego me iré a la ciudad, y veré a ese mismo Dios caminar junto a la vieja muralla, atadas sus manos esperando sentencia, y veré la Esperanza en los ojos de su Madre.... y le rezaré por tí, y por todos los que como tú contáis los días, entre las noches oscuras de Kabul, para volver a casa.
Cuando llegues, habrá una primavera cuajada en flor esperándote con un costal y una trabajadera, y mucha gente que te quiere y te esperamos con los brazos abiertos.
Que la esperanza te acompañe y la estrella te ilumine en tu Cuaresma en Kabul.
Francisco José Pavón Arellano
BLOG LITERARIO DE FRANCISCO JOSE PAVON
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La tribu (Barbeito en ABC)
"Querido amigo"
No es uno mucho de andar rozándose por sotanas, ni de calentar sillas de sacristías, ni de encender cirios de adulación alrededor de los curas. Pero uno tiene sus amigos en la Iglesia, y todos tienen en común algo necesario para mis preferencias, la humanidad, la generosidad, la cercanía. De todos hay dos, por poner sólo dos ejemplos, que me conmueven especialmente. Uno de ellos no sé si me oye, pero a veces le hablo mucho, es mi querido padre Leonardo, al que traté como al humanísimo santo que era, que Leonardo era santo consagrando y compartiendo una mesa, socorriendo desvalidos o recaudando fondos para cualquiera, o contando historias graciosas. Desbordada alegría, infinita ternura, paciencia sin límites, amor sencillo. El otro me vive, se llama José Luis Gago y es un dominico al que le debo lo que él no imagina. Culto y con la luz que a veces otorga Dios a algunas miradas, el padre Gago es todo amor y entrega, cultísima humildad, persona siempre cerca de la llaga, haciéndose llaga misma en su solidaridad con el otro.
En esa nómina especial hay un cardenal, un hombre —sobre todo, un hombre— que me ganó para el afecto desde nuestro primer encuentro. Y a partir de ahí, aunque sin más frecuencia de trato que la que ofrecía la coincidencia, el afecto fue creciendo, fue haciéndonos amigos sin amistad, cercanos sin roce, personas que sabíamos que estábamos cuando nos necesitábamos. Para mí siempre fue un honor acudir a sus escasas llamadas, y le estaré eternamente agradecido por haber ido a visitar a mi madre, que había dejado alguno del tiempo de sus manos en unas labores de vainica para unos corporales expresamente para Carlos Amigo. Como no olvidaré los abrazos en sitios donde a mí me abrigaba mucho —por cosas que no vienen al caso— el abrazo de mi cardenal. Se va de Sevilla. Tremendo vacío en muchos sitios, en muchas gentes. Para mí, desde luego, se va un amigo, un Amigo al que estimo más que he tratado, porque fue posible —más por él que por mí— que la distancia se recortara con expresiones afectivas que no dejaban que la veredita criara yerba. Él sabe que no escribo estas líneas por la ocasión de su despedida, como sabe que nunca tuve que dedicarle un artículo para que me supiera cerca. Pero su adiós me ha pillado en frío y —«se canta lo que se pierde»— no puedo más que decirle que le tengo tanto afecto como gratitud. Permítame el abrazo, don Carlos.
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El Burladero (Herrera en ABC)
"En el nombre de Jesús"
Hoy celebra buena parte de la humanidad el nacimiento de una de sus figuras centrales. Probablemente la más transcendente, la más determinante, a la par que la que menos constancia documental dejó de su presencia entre los mortales. Jesús de Nazareth divide nada menos que el tiempo: antes de su paso por el mundo, después de su paso por el mundo; es hoy, en la información electrónica de la Red, el nombre más citado; se celebran cada día millones de ceremonias religiosas en el planeta invocando su nombre; su representación antropológica, su rostro barbudo, viril, atractivo, está presente en cada rincón de la Tierra; sus seguidores se cuentan por miles de millones.
¿Qué milagro ha producido en el imaginario de la humanidad el paso por la vida de un hombre que vivió hace dos mil años?
Jesús es Dios para los cristianos e, incluso, profeta respetable para los no cristianos. Su mensaje de amor, de piedad, de perdón ha cambiado a los hombres y ha hecho de éstos seres indudablemente mejores. Incluso para los más negacionistas, los más ateos -si es que se puede ser «un poco» ateo-, su figura no es intranscendente ni está falta de interés. ¿Recordamos a Jesús como Él quiso que le recordáramos y le adoráramos o somos nosotros quienes hemos modelado los perfiles del Hijo de Dios a nuestra conveniencia? ¿Existimos porque quiso Dios hacernos a su imagen y semejanza o también podemos afirmar sin temor a caer en herejía que Dios existe porque nosotros queremos que exista?
De haberse tratado de una simple bola de nieve que ha ido creciendo a lo largo de los siglos merced a las supersticiones del ser humano habrá que convenir que el tal Jesús ha sido protagonista de una carambola histórica absolutamente inaudita; tanta que causaría su sorpresa más estupefaciente si pudiera levantar la cabeza y ver en qué se ha convertido su peregrinar por su Judea natal predicando la palabra de Dios. Para aquellos que quieren ver la vida desde empirismos históricos desposeídos del baño de la Fe, todo ha sido una concatenación de casualidades increíbles y una manipulación histórica de la Iglesia para labrarse la influencia más decisiva entre los hombres. Afirman que la única constancia de su paso por entre los mortales se reduce a cuatro testimonios de otros tantos seguidores que no tuvieron transcendencia hasta pasados cuatro siglos de su muerte, configurando ése el núcleo central de una apuesta por la interpretación histórica tan respetable como minoritaria.
Es evidente que se trata de una reflexión incompleta, más allá de los dogmas, más allá de las estampidas de la Fe que se han sucedido desde entonces. De ser así habría que considerar a quienes han trazado el mensaje nuclear de su doctrina como unos auténticos visionarios capaces de cambiar el mundo por sí solos con el único poder de su voluntad. ¡Qué grandes guionistas e ideólogos hubo entonces -en un planeta en el que todos se desconocían- encerrados en una habitación preparando la columna vertebral de una doctrina absolutamente imbatible a través de los siglos!
Hoy, en Navidad, la fecha en que los hombres, la Iglesia -esta vez sí- dispuso celebrar el nacimiento de su piedra angular, conviene acercarse a los preceptos básicos de su doctrina, la que ha convertido el mundo en un lugar más habitable. Hacerlo sin miedo ni prejuicios, con todas las dudas razonables, con todas las preguntas abiertas, puede convertirse en un ejercicio interesante en el ámbito material y también en el espiritual.
No en vano estamos hablando de un hombre que tan sólo vivió treinta y tres años, de los cuales pasó treinta encerrado en sus cosas, sin que hayan transcendido más detalles que los de una vida discreta y común dedicada a su familia y a un negocio familiar de maderas. De un hombre que salió a las calles a llevar su mensaje de calma y amor en un tiempo de iras, que jamás escribió un libro, abrió una oficina o lideró una empresa de éxito. De un hombre que fue traicionado por los suyos, hecho preso, torturado y muerto en una cruz entre un par de simples ladrones. De un hombre, como escuché decir años atrás y reproduje en palabras de pregón, que al cabo de dos mil años ha visto cómo ni uno sólo de los reyes que han reinado, de los ejércitos que han desfilado o de las civilizaciones que se han erigido en referencia ha tenido más poder, más transcendencia en la existencia de los hombres que su simple palabra. Que la de un sencillo hombre solitario por cuyo nombre invoco hoy mi más sincera oración.
Por CARLOS HERRERA - 26-12-2008, en ABC
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